Trabajamos en línea
Leer, redactar y negociar no mejora porque haya un viaje de por medio. Nos reunimos por video, estés donde estés, y el tiempo que no se pierde en traslados se usa en tu asunto. Es la misma lógica con la que funciona tu producto.
Un buen abogado que trabaja desordenado te cuesta tiempo, dinero y tranquilidad. Por eso acá está escrito, antes de que nos contrates, cómo trabajamos y qué podés esperar en cada etapa.
Ninguna es negociable, y todas están acá para que no haya sorpresas después.
Leer, redactar y negociar no mejora porque haya un viaje de por medio. Nos reunimos por video, estés donde estés, y el tiempo que no se pierde en traslados se usa en tu asunto. Es la misma lógica con la que funciona tu producto.
Por Google Meet, con agenda y con hora de fin. Lo que se resuelve por escrito se resuelve por escrito: una reunión de una hora para leer un contrato que podías leer solo es una hora que te facturamos y no te sirvió.
Antes de acceder a un solo documento tuyo firmamos un acuerdo de confidencialidad. El secreto profesional ya nos obliga por ley, pero un documento firmado es algo que podés mostrar: a tu socio, a tu inversor o a tu propio cliente.
Te decimos de entrada en cuánto contestamos y lo cumplimos. Lo que no vas a tener es un chat abierto a cualquier hora: el trabajo legal hecho a las apuradas es donde aparecen los errores caros. Si el asunto tiene una urgencia real, acordamos el canal para eso al empezar.
Los entregables llegan por correo, en documentos que podés archivar, versionar y mostrar. Nada de decisiones importantes que viven en la memoria de una llamada que nadie anotó.
Elegimos por tres razones, y ninguna tiene que ver con vos.
Si te decimos que no, no es un juicio sobre vos ni sobre tu proyecto: es que no somos el estudio indicado para ese asunto. Preferimos que lo sepas en la primera conversación y no después de tres reuniones.
Siete pasos. Los mismos para todos los clientes, siempre en este orden.
Cinco preguntas en el sitio. Sirven para saber si tu caso entra en lo que hacemos y, sobre todo, para no hacerte perder el tiempo si la respuesta es que no.
Una sola reunión, corta, para conocernos y explicarte cómo trabajamos. Salís de ahí sabiendo qué esperar, en cuánto tiempo y con quién vas a hablar.
Te pasamos un número antes de empezar. Aproximado y por escrito, con lo que incluye y lo que no. Nadie firma nada sin saber cuánto cuesta.
Recién acá empieza el intercambio de información. Es deliberado: mientras no haya un documento firmado, no accedemos a nada tuyo.
Leemos, preguntamos y entendemos el asunto de verdad, incluido el negocio que hay detrás. Es la etapa que más define el resultado y la que más estudios se saltean.
El contrato redactado, la marca presentada, la política escrita. Llega por correo, en un documento cerrado, listo para usar y no para seguir discutiendo.
Pasado un tiempo volvemos sobre lo entregado: si el contrato se firmó, si la política se aplicó, si apareció algo nuevo. Un documento que quedó en un cajón no resolvió nada.
Si leíste hasta acá y esto se parece a cómo te gustaría trabajar, el paso siguiente son cinco preguntas.
Ver si califico como cliente